Bicentenario de las Independencias Americanas

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Cuarta Fase (1820-1830)

 

En la Nueva España, para detener al líder de las partidas guerrilleras Vicente Guerrero (Ciudad Guerrero, México, 1782-Cuilapan, México, 1831) el virrey Juan Ruiz de Apodaca (Cádiz, 1754-Madrid, 1835) elige a Agustín de Iturbide, militar realista. Guerrero e Iturbide pactan el Plan de Iguala (24 de febrero de 1821) que tiene como punto fundamental conseguir la autonomía y proclamar la independencia. Unen sus ejércitos dominando todo el Sur con el objetivo de proteger las garantías de unión, religión e independencia, bajo el llamado Ejército de las Tres garantías o Ejercito Trigarante. Cuando el liberal Juan O’Donojú, sustituye a Apodaca, no tiene más remedio que firmar con Iturbide el Tratado de Córdoba, el 24 de agosto de 1821, que reconoce un estado mexicano monárquico e independiente. Con la entrada triunfal del Ejército Trigarante en la ciudad de México, la nación es proclamada como país independiente con la firma del acta de independencia (28 de septiembre).

La Junta Gubernativa que se forma convoca un Congreso (1822) que no favorece las aspiraciones de Iturbide, quien se proclama emperador de México. La revolución estalla en las provincias. Los antiguos insurgentes se sienten traicionados, emitiendo Antonio López de Santa Anna (Xalapa, México, 1794-México, D.F., 1876) los planes de Veracruz y de Casa de Mata, por los que declara ilegal la elección del emperador y se pronuncia a favor de los republicanos, siendo Iturbide obligado a abdicar y a exiliarse del país.

En enero de 1824 se proclama el Acta Constitutiva Federal y unos meses más tarde (4 de octubre) se promulga la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos.

Durante los primeros años de independencia mexicana, los acontecimientos ayudarán a Santa Anna en su imparable ascenso. Con las elecciones de 1828, se producen enfrentamientos a lo largo del país, tomando Santa Anna las riendas del ejército nacional y llegando a ser presidente en 1833. Por el Tratado de Guadalupe Hidalgo (1848), México pierde los estados de California, Nuevo México, Arizona, Nevada, Texas y Colorado a favor de los Estados Unidos.

En la Capitanía General de Guatemala como parte del virreinato de Nueva España, por iniciativa del capitán general Gabino Gaínza (Pamplona, Navarra, 1753-México, D.F., 1829), se debatió su adhesión a la independencia mexicana. Las diputaciones provinciales de Honduras, Guatemala, Nicaragua, El Salvador, Costa Rica y Chiapas proclamaron su independencia de España y su anexión al nuevo estado mexicano. Dicha anexión duró hasta 1824, cuando los territorios de Guatemala, Honduras, Nicaragua, El Salvador y Costa Rica forman las Provincias Unidas del Centro de América. Poco después, comienzan las guerras civiles que provocan el nacimiento de cada uno de esos territorios como estados independientes.

En Costa Firme, la suspensión del envío de tropas desde España supone el triunfo del sueño independentista de Simón Bolívar. Las tropas patrióticas están exhaustas, pero el Armisticio de Santa Ana del 26 de noviembre de 1820, que Morillo se ve obligado a proponer, alivia la situación. La paz se ve interrumpida con el alzamiento de Maracaibo el 28 de enero de 1821. La lucha se extendió a toda Venezuela, y, finalmente, el 24 de junio de ese año tuvo lugar la Batalla de Carabobo, en la que Bolívar se impone a las tropas realistas al mando de Miguel de la Torre (Bernales, Bizkaia, 1786-Madrid, 1843). Este triunfo de Bolívar supone la independencia de Venezuela. Hasta 1823 no se liberará Puerto Cabello de las tropas españolas.

Las tropas de Bolívar avanzaron hacia Colombia incorporando Cartagena de Indias y Popayán, pero el sur, Pasto, se resistirá a integrarse en la nueva nación. La estrategia para esta zona consistirá en el ataque combinado de Antonio José de Sucre (Cumaná, Venezuela, 1795-Berruecos, Colombia, 1830) por el sur y Bolívar por el norte. Pasto caerá en 1822 y Sucre derrotará a los españoles en Pichincha en 1823.

Bolívar también quería incorporar a la Gran Colombia los territorios de Quito y Perú. En el reino de Quito se produjeron movimientos para declararse independiente tanto de España como de la propia Gran Colombia. El 9 de octubre de 1820 se proclamó la independencia de Guayaquil. Se convocó un Congreso para finales de ese año y se proclamó la independencia del estado de Quito. Los realistas controlaban la sierra, mientras que los independentistas lo hacían sobre la costa. El nuevo estado reclamó la ayuda de Bolívar y San Martín para terminar de expulsar a los realistas, y, finalmente, acaba integrándose a la Gran Colombia, el 11 de abril de 1822.

Mientras tenían lugar estas campañas militares se iba configurando el estado de la Gran Colombia. El Congreso se trasladó desde Angostura hasta Cúcuta, donde promulgó la Constitución de 1821. Esta constitución configura un estado unitario, con capital en Santa Fe de Bogotá. Bolívar aceptó su presidencia, pero decide extender territorialmente su proyecto hacia Perú a través de la Campaña del Sur.

Descartada la posible reconquista española, una gran parte de los dirigentes venezolanos comenzarán a manifestar su oposición al proyecto de la República de la Gran Colombia.

Los años 1825 y 1826 serán desestabilizadores. En este periodo se produce una división entre los partidarios de un gobierno civil y los militares más proclives a gobiernos autocráticos. El Congreso de Bogotá reivindicará para sí la supremacía del estado de derecho y las leyes sobre el gobierno de los militares. Finalmente, Bolívar impone una dictadura que debería durar hasta la nueva reunión del Congreso en 1830. El caos se apoderará de Colombia durante dos años y tras la celebración del llamado Congreso Admirable, Venezuela, con José Antonio Páez (Acarigua, Venezuela, 1790-Nueva York, Estados Unidos, 1873) a la cabeza, declara su independencia de la Gran Colombia el 6 de mayo de 1830.

A partir de la declaración de independencia de Venezuela, los diferentes territorios reclaman para sí esa libertad. El 13 de mayo de 1830, el territorio de Quito declara su independencia de Colombia, pasándose a llamar República del Ecuador. Después de la independencia de Ecuador y Venezuela, el 20 de octubre de 1831, Francisco de Paula Santander (Villa del Rosario, Colombia, 1792-Bogotá, 1840), dirige la Gran Colombia bajo un sistema presidencialista. Dos años más tarde, en 1832, pasa a llamarse República Neogranadina. Tras sucesivos gobiernos conservadores, los liberales colombianos adoptan una constitución federalista, primero para la Confederación Granadina, es el año 1858, y posteriormente, para los Estados Unidos de Colombia. En 1886, comienza un periodo de tiempo que los historiadores han llamado la Regeneración, que termina con la independencia de Panamá en 1903.

Respecto a la Banda Oriental, la ocupación brasileña termina en 1828, tras el desgaste que supondrá las incursiones de Juan Antonio Lavalleja (Minas, Uruguay, 1784-Montevideo, Uruguay, 1853), iniciadas en 1825. Tras una guerra entre portugueses-brasileños contra argentinos; finalmente, y gracias a la mediación de Gran Bretaña, se crea un estado independiente. Será en agosto de 1828 cuando se firme la Convención Preliminar de Paz con Brasil, donde se establezca la creación de un nuevo país independiente de Argentina y Brasil. La constitución nacional del 18 de julio de 1830 establecerá el nombre de República del Estado Oriental del Uruguay.

En Chile, Bernardo O’Higgins renunciará y se exiliará a Perú en 1823. La etapa de anarquía de los años siguientes conducirán al país al desastre económico, que sólo será mitigado por los posteriores gobiernos conservadores, entre los que destacan los de Diego Portales (Santiago, Chile, 1793-Valparaíso, Chile, 1837) y Andrés Bello (Caracas, Venezuela, 1781-Santiago, Chile, 1865). Chiloé, defendido por Antonio de Quintanilla (Pámanes, Cantabria, 1787-Almería, 1863), será el último enclave que se rinda en 1826.

Una vez conseguida la independencia de Chile, José de San Martín invade el virreinato del Perú desde el Pacífico sur. Esta expedición conocida como la Expedición Libertadora del Perú es financiada casi en su totalidad por el gobierno de Chile, al mando del capitán general Bernardo O’Higgins.

Después de varios enfrentamientos militares, proclamaciones de independencia en varias ciudades y negociaciones frustradas, José de La Serna (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1769-Cádiz, 1832) tras un pronunciamiento militar contra el virrey Joaquín de la Pezuela (Naval, Huesca, 1761-Madrid, 1830), asume el gobierno del virreinato del Perú, retirándose a Lima. El 10 de julio de 1821, San Martín entra en la ciudad y el 14 de julio un cabildo abierto declarará la independencia. De la Serna intenta recuperar Lima, pero acabará refugiándose en El Callao, al amparo de la Fortaleza del Real Felipe.

Tras la independencia del norte peruano y de Lima por José de San Martín, José de La Serna establecerá su sede de gobierno en Cuzco. Mientras que la costa y el norte del Perú serán independientes, la sierra peruana y el Alto Perú seguirán siendo realistas. El desenlace de la independencia del Perú vendrá con la intervención de la Gran Colombia.

En Guayaquil, José de San Martín y Simón Bolívar intentan encontrar una solución para la independencia del Perú y el establecimiento de un sistema político: monárquico constitucional, como quería San Martín, o republicano, como deseaba Bolívar. La entrevista entre ambos se salda favorablemente para los intereses de la Gran Colombia.

El ejército realista es desarticulado por la rebelión de Pedro Antonio de Olañeta (Elgeta, Gipuzkoa, c. 1770-Tumusla, México, 1825), jefe militar del Alto Perú, que se subleva junto con todo el ejército realista altoperuano el 22 de enero de 1824 contra el mando del virrey del Perú José de la Serna. Como consecuencia de esta rebelión, los enfrentamientos del año 1824 serán favorables para los republicanos. El Ejército Unido Libertador del Perú triunfa en la Batalla de Junín (6 de agosto) a las órdenes de Simón Bolívar y en la Batalla de Ayacucho (9 de diciembre de 1824) a las órdenes de Antonio José de Sucre, determinando el final de la guerra del Perú tras la toma de las fortalezas de El Callao en 1826.

Tras la victoria de Ayacucho, el gobierno del Perú continúa en manos de Simón Bolívar hasta su destitución en 1827. El Perú ingresará en una etapa marcada por gobiernos militares, dirigidos por los caudillos de la independencia, período durante el cual la república se enfrentará en una guerra con la Gran Colombia (1829).

Tras el éxito de la Batalla de Ayacucho en 1824, Bolívar encarga a Antonio José de Sucre la independencia del Alto Perú. Este territorio era un bastión del ejército realista en constante lucha contra los tropas independentistas. En 1824, con la vuelta al absolutismo de Fernando VII, Olañeta se autoproclama Comandante de las Provincias del Río de la Plata y desobedece las instrucciones del virrey. Esta postura consigue atraer a los sectores dirigentes criollos a su causa.

Poco a poco, Antonio José de Sucre va conquistando plazas y acorralando al militar realista Olañeta hasta sumar todos los territorios. A esto se suma la huida de las tropas nativas de los realistas hacia las filas independentistas. El 9 de febrero de 1825, en La Paz, Sucre proclama un decreto que supone prácticamente la independencia de Bolivia, la cual se materializa legalmente con el acta de independencia del Congreso el 6 de agosto del mismo año.

Simón Bolívar será el primer presidente del nuevo estado de Bolivia, pero renuncia al cargo y lo cede a su segundo, Antonio José de Sucre, hasta 1828. Durante estos años, la nación tiene que hacer frente a incursiones brasileñas y conflictos con Perú. Tras la firma del Tratado de Piquiza (1828), éstos terminarán, aunque el coste será la renuncia de Antonio José de Sucre que se exilia a Ecuador.



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